miércoles, 27 de noviembre de 2013

Crónica periodística sobre LOS EXCLUÍDOS

GLOBALIZACIÓN Y NEOLIBERALISMO

UN PUENTE A LA EXCLUSIÓN

     Crónica de los acontecimientos que llevaron al Estado argentino a la crisis que arrojó la más alta tasa de desocupación y pobreza a partir de la globalización del sistema económico.

     Las políticas neoliberales surgen paralelamente al fenómeno de la globalización. Los estados de bienestar decayeron hacia la década del ´70 por la imposibilidad de controlar el sistema económico, en gran parte erosionado por el crecimiento del aparato burocrático de administración pública y, en ese contexto, por temor a quedar excluidos del mercado global, son arrastrados hacia un régimen de privatizaciones, desregulación y descentralización.
     En Argentina la tendencia hacia el neoliberalismo se manifiesta a partir del gobierno de facto impuesto en 1976. El mismo acudió a organismos de financiación mundial y comenzó a entablar negocios con capitales extranjeros, lo que provocó el comienzo de la desindustrialización nacional. Éste fue el principio del endeudamiento estatal pero, aunque las implicancias serían nefastas, no fue lo más penoso de dicha etapa.
     Bajo el nombre de Proceso de Reorganización Nacional, hubo reformas como la suspensión de actividades políticas, parlamentarias y gremiales. Con el fin de restaurar el orden social, la represión  incluyó a intelectuales y sectores sociales, cuya militancia política, era elemental para considerarlos “grupos subversivos”. Juan Pablo Feinmann reproduce el miedo de la época, en su novela “La crítica de las armas”, cap. IV.
     En otro orden de cosas la libertad de expresión fue quebrantada, hubo censura en los medios de comunicación e intervención militar en muchos de ellos. Todo ésto sumado a la reducción de salarios y aumento de impuestos, profundizó el crecimiento de los niveles de pobreza e indigencia. El Mundial de Fútbol del ´78 se convirtió en una pantalla para cubrir las ilegalidades, atrocidades y miserias producidas en el país.
     El final de este proceso, signado por el terrorismo de Estado, lo marcó la Guerra de Malvinas en 1982, conflicto bélico contra Gran Bretaña que dejó como saldo más de 600 muertos, en su mayoría jóvenes de 18 años. En cuanto a los sobrevivientes, regresaron mutilados y con alteraciones psicológicas que los acompañarán por el resto de sus vidas. Por ello, la reinserción en la sociedad, fue en muchos casos nula.
     Este hecho inspiró a Rodolfo Fogwill en su novela “Los Pichiciegos” quien, a pesar de tratarse de una ficción escrita antes de la finalización del conflicto, demostró una clara visión de los pormenores transitados por los reclutas en las islas sureñas. Describe las necesidades como hambre, frío, soledad, abandono, sufridos en esos dos meses y medio que duró la contienda.
     La restauración democrática vino de la mano del radical Raúl Alfonsín, quien debió afrontar tareas como reconstruir las instituciones, reacomodar el papel de las fuerzas armadas como organismo subordinado al poder civil, e impartir el respeto a las leyes y los derechos humanos garantizando la paz, libertad y democracia. Entre los principales inconvenientes se inscribe el juicio a los ex-comandantes, que derivó en levantamientos militares y las conflictivas leyes de “Punto Final” y “Obediencia Debida”.
     En cuanto a la economía, el poder estaba en manos de grupos financieros internacionales y la industria nacional se vio absorbida por los capitales extranjeros establecidos en el país. Los obstáculos a vencer fueron: la inflación, una elevada deuda externa y la desocupación que iba en aumento. Se creó el plan Austral, forma de devaluación de la moneda, siguiendo los lineamientos impuestos por el FMI.
     Nada surtió efecto, el plan Austral fracasó derivando en una hiperinflación, recesión e incremento de los conflictos sociales. Hubo huelgas, saqueos y, en muchos casos, quienes tuvieron la posibilidad de emigrar, lo hicieron. De esta forma, ante el temor al fantasma del golpe de estado, Alfonsín entregó de manera anticipada, en julio de 1989, el poder al candidato electo Carlos Saúl Menem, representante del partido Justicialista.
     En esta etapa se consolidó el modelo neoliberal, favoreciendo el asentamiento de multinacionales y privatizando empresas públicas a fin de reducir el gasto del Estado. Así el gobierno se desprendió de petroleras, empresas de servicios como gas, telefonía y electricidad, además de los ferrocarriles y Aerolíneas Argentinas. Domingo Cavallo, ministro de economía y ex presidente del Banco Central, responsable de la estatización de la deuda privada, estableció el plan de Convertibilidad, equiparando el peso con el dólar norteamericano.
     Si bien logró frenar el proceso inflacionario, no mejoró la situación de la industria nacional, por el contrario, cerraron más fábricas y aumentó la brecha entre los sectores ricos, beneficiados con la economía financiera, y los sectores pobres, compuestos por desocupados o trabajadores que se desempeñaban en negro. Menem decretó, además, el indulto a los ex comandantes condenados por delitos contra los derechos humanos.
     Las transformaciones logradas durante esta etapa, que duró dos periodos por reforma de la constitución en 1994, fueron amplias en cuanto a la modernización. Sin embargo resultaron negativas a nivel social porque incrementaron la crisis laboral y llevaron al vaciamiento financiero del país. En “El Gran Transformador” de Pacho O´Donnell, se describen detalladamente los cambios producidos a partir del modelo menemista.
     En diciembre de 1999 asume el ejecutivo la fórmula Fernando de la Rúa - Carlos Álvarez, bajo el partido “Alianza para la Producción, el Trabajo y la Educación”, que reunía a la UCR y el FREPASO respectivamente. Resultó ser un gobierno débil, signado por la falta de apoyo, no sólo de la oposición, sino de su propio partido, sumado a la división producida dentro del FREPASO y los constantes desacuerdos en el seno de la Alianza.
     Las divergencias quedaron expuestas con la temprana renuncia del vicepresidente debido a una denuncia de sobornos dentro del senado. A partir de este hecho y la incapacidad de poder llevar adelante los proyectos propuestos en su campaña, por la constante oposición, la dirección del gobierno se encaminó hacia una profundización de la crisis económica y social.
     En dos años de mandato, el vaciamiento de poder, sumisión a las recetas económicas de organismos internacionales y la presión del FMI, llevaron a constantes reclamos y manifestaciones sindicales que desencadenaron una de las peores crisis del país. A lo largo y a lo ancho se realizaron piquetes, hubo saqueos y desmanes. El primero de diciembre de 2001, Cavallo, ministro de economía convocado por De la Rúa, anunció la restricción de la libre disposición de depósitos bancarios, lo que se conoció como “corralito”, medida que produjo el rechazo popular.
     Finalmente, el 19 se establece el Estado de Sitio y, en consecuencia, hubo una movilización espontánea de ciudadanos que reclamaron, golpeando ollas frente a la Casa Rosada, la renuncia del presidente. A pesar de la represión por parte de la policía que cobró dos muertes, los manifestantes se mantuvieron hasta el día siguiente donde De la Rúa no tuvo otro camino más que ceder. Se trató de una etapa en la cual aumentaron sobremanera las tasas de muerte por desnutrición, vejez prematura e, incluso, por enfermedades curables.

No hay comentarios:

Publicar un comentario