"La pobreza no la hizo Dios, la hacemos tú y yo cuando no compartimos lo que tenemos"
Madre Teresa de Calcuta
La
política en Argentina en los últimos años, en lugar de ser una herramienta y
actividad humana al servicio de la transformación social, se convirtió en una
“máquina” que, por medio de la mentira, del fraude, provocó la exclusión
sistemática de habitantes. Desde la dictadura del ´76, pasando por los
secuestros, tortura, muerte, robo de niños nacidos en cautiverio; luego por la
guerra de Malvinas con jóvenes mutilados, traumas y más muertes; hasta las
democracias neoliberales que, a través de multinacionales y organismos
mundiales de financiación, empeñaron al país causando desempleo, hambre y
miseria.
Basta con leer a Rodolfo Walsh en su
“Carta Abierta de un Escritor a la Junta
Militar ”, para tomar dimensión y conciencia del daño que
causó la última dictadura. Teniendo en cuenta que la democracia fue recuperada
en 1983, hay que pensar que los jóvenes y adolescentes que transitaron esos
siete años de terrorismo de Estado, cultivaron una idea de política y Patria
para nada positivas.
Se trata de toda una generación descreída
de los valores de la política, José Feinmann la caracteriza muy bien en su
cuento “Digamos Boludeces”. A partir de los estados modernos la política se
acerca a una ciencia capaz de calcular, medir y ejecutar acciones a favor de
los sectores sociales, sin embargo dicha generación no la piensa así y lo que
es peor, no entiende que sólo a través de ella, es que podrán satisfacer sus
demandas.
Otra mentira de la dictadura que cobró
cientos de vidas y contribuyó a engrosar la lista de los descreídos, fue la
fatídica guerra de Malvinas. Allí se tejieron más de un engaño y el saldo fue
otra generación que, cargando la pesada mochila de lo sufrido en combate, nunca
pudo reinsertarse plenamente en la sociedad. En lugar de ser considerados
héroes debieron soportar discriminación e incluso abandono por parte del
Estado.
Tampoco contribuyeron mucho las
democracias neoliberales para reivindicar la política. Los supuestos “representantes
de la decisión popular”, luego de pregonar modernidad, trabajo y bienestar,
terminaron por empobrecer al país debilitando al Estado mediante transacciones
con organismos internacionales y cediendo el patrimonio público. Ello trajo
enormes consecuencias de desocupación, pobreza e indigencia. El cuento “Vuelta
a Casa” de Osvaldo Soriano, logra plasmar claramente la situación del país en
la década del ´90.
Por otra parte, Pino Solanas en su
película “Memoria del Saqueo”, resume fielmente, en forma cronológica y
mediante documentos reales, los hechos que concluyeron en una profundización de
la pobreza en zonas marginales, pero además, cómo se expandió hacia la clase
media. A modo de denuncia, da a conocer que haber empeñado el patrimonio
público es “una burla al mandato del voto”. Por eso es tiempo de analizar lo
sucedido hasta aquí, de pensar muy bien de ahora en más, porque el arma para
revertir la situación sigue siendo el voto.
De los errores siempre se aprende, es
momento de redefinir los objetivos, asumir la equivocación y, en lugar de callar
y descreer, luchar, alzar las voces, salir a la escena pública y reclamar
cuando algo no está bien. La despolitización de la sociedad va en contra del
proceso de toma de decisiones. La política es la única vía posible para crear
consensos y cambiar la realidad.
Son los ciudadanos quienes pueden, no sólo
mediante el sufragio, sino también haciendo oír su descontento torcer el rumbo
del gobierno y, de hecho, ya lo hicieron una vez, basta recordar la rebelión
popular del 19 y 20 de diciembre de 2001. Pero no es el único caso, el 17 de
octubre de 1945 es otro ejemplo claro, sin mencionar las grandes revoluciones
mundiales como la francesa que marcó todo un cambio político a nivel mundial.
El pueblo siempre puede hacerse oír.
Por eso, la forma de terminar con los
excluidos es incluir, acción que se logra respetando y haciendo respetar los
postulados de la Constitución
Nacional y los Tratados Internacionales, sobre todo en lo que
se refiere a igualdad y libertad. Es acabar con las mentiras, con la corrupción
y, éso, se consigue por medio de una política honesta, participativa,
abarcativa de las necesidades de la población.
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